mi historia sigue

Salí de mi zona de confort con todos los miedos que te puedas imaginar y dejé mi trabajo para emprender el camino hacia mi vocación recién descubierta. Empecé dando masajes en un Spa y sin apenas proponérmelo formaba parte de un Centro de Terapias Complementarias del que acabé siendo la propietaria. Fue una experiencia maravillosa, enriquecedora y gratificante, que me llevó a relacionarme con la gente al nivel que realmente buscaba: con más profundidad, de tú a tú, lleno de calidez. Ahora sí había empezado a aportar algo que para mi era mucho más importante y que llenaba de sentido mi vida, ahora sí podía ayudarles a mejorar su salud y bienestar.

Pasaron los años y de nuevo empecé a darme cuenta que todavía me seguía faltando algo en mi trabajo y en mi vida, pero no sabía realmente identificar lo que era… cuando me apareció un cáncer de mama.

Fue un momento muy duro y delicado pues para nada estaba preparada para algo así, supongo que uno nunca lo está, además mi madre estaba bastante delicada y hacía unos 15 años que también había pasado por lo mismo y me preocupaba que tuviera que revivir todo aquello a través de su hija. Os confieso que lo que primero apareció fue el miedo… miedo a como iba a lidiar con todo ello, miedo a sentirme sola, miedo a todo el proceso que tenía por delante, miedo a la mastectomía, miedo a la sola palabra cáncer.
Después le siguió la incertidumbre de quimio o no quimio y un sinfín de dudas como: ¿qué es lo mejor para mi cuerpo? ¿qué es lo que realmente me devolverá la salud? ¿a quién debo hacer caso… a mi cuerpo, a mis seres queridos, a los especialistas, a las estadísticas? ¿me atrevo a salir del protocolo?…